martes, 18 de marzo de 2014

"COMBAT ARTS FAMILY": LA EXPLOSIVIDAD



LA EXPLOSIVIDAD


     Resulta curioso que Muhammad Alí, reconocido por todos como el mejor boxeador de todos los tiempos (en la categoría de los pesos pesados), no destacara por la fuerza bruta de sus golpes, sino por su explosividad. Recuerdan aquello de “vuela como una mariposa y pica como una abeja”, extraño para alguien de 1,95 metros de altura, 100 kilos de peso.
     Resulta también sorprendente que el icono incuestionable de las artes marciales, Bruce Lee, con su escasa altura y peso corporal (1.71 m y 61.2 kilos de peso), tuviera tal potencia de pegada, que algunos llegaban a compararla a la de un peso pesado. Lo verdaderamente extraordinario del caso es que no destacó por la potencia de sus golpes, sino por su explosividad devastadora…

     El campeonísimo Bill Walace, también conocido como "Súper Foot", porque era capaz de sacar su pierna a una velocidad de 70 millas por hora, desarrolló su sistema de lucha, basado en colocar la rodilla en una posición tal, que no se podía precisar si su patada iba a ser circular, lateral o del revés, manteniendo la rodilla arriba y pegando hasta 3 o 4 patadas. Lógicamente sus patadas no podían destacar por su potencia, sino por su explosividad, trabajando sobre todo lo que los americanos conocen bajo el nombre de “snap” (chasquido, latigazo).



     El famoso púgil Thomas "La Cobra" Hearns; alto y “bracilargo”, fue un excepcional experto en lanzar puñetazos directos explosivos, como auténticas mordeduras de cobra. De hecho, por su manera de golpear, acostumbraba a abrir la piel del adversario, rasgando cejas, pómulos u otras partes de su cara. Sus combates contra “Sugar Ray Leonard” o “Marvin Hagler” han pasado a la historia del pugilismo como de los mejores enfrentamientos.

Creo que todos estos casos invitan a la reflexión….

     En las artes marciales se pone un especial énfasis en los dos tipos de poten­cia bási­cos: la potencia bruta y la poten­cia explosi­va. La primera se basa en la cantidad de ener­gía bruta que el artis­ta marcial es capaz de trans­mitir hasta sus nudi­llos o su pie (o la parte del cuerpo con la que se golpee: rodilla, codo, tibia, etc.)
     Esta cantidad de energía dependerá en gran medida del peso y de la capa­cidad muscular del que golpea. Así, como es lógico, un peso pesado desarrollará mucha más potencia bruta que un peso lige­ro, pues moviliza en su acción muchos más kilos. Evidentemente, entran aquí muchos otros factores como la velocidad, la coor­dinación de movi­mientos y la habilidad para transmitir toda la energía corpo­ral hasta la zona de impacto; pero el factor domi­nante en este tipo de potencia sigue siendo el peso corporal. Por esta razón en todos los deportes de contacto, e incluso en los que no lo son, se divide a los combatientes por pesos o categorías, para equili­brar los combates.

     Contrariamente, la potencia explosiva es hasta cierto punto inde­pendiente del peso del ejecutante, o para ser más correctos, depende más bien de su escaso peso, de manera que a menor peso relativo, mayor capaci­dad explosiva. Si no se trata del peso ni de la masa muscular, ¿dónde reside pues el secreto de la explosividad? Princi­palmente en la velocidad, pero también en la elasticidad, en la precisión y en la pericia técnica...
La fuerza es una de las capacidades físicas eventuales que poseen las personas. Las capacidades físicas primordiales conforman el estado físico de cada individuo y, mediante su entrenamiento, brindan la posibilidad de mejorar las capacidades del organismo. Además, se puede especificar como la capacidad para vencer una resistencia por medio de un esfuerzo muscular. Esta se divide en varias, en el caso concreto que nos ocupa es la fuerza explosiva, es decir: el trabajo es el aumento de una carga mientras que se mantiene la velocidad del movimiento.
     El desarrollo de la fuerza explosiva se potencia con ejercicios especiales adecuados para técnicas específicas que se empleen en un sistema de lucha. Los ejercicios de esta clase deben concentrarse en la explosividad del movimiento particular, y las unidades de entrenamiento deben disponerse de modo que eviten cualquier pérdida de concentración. Con frecuencia, el aumento de la intensidad de la carga se traduce en el incremento de la masa a mover contra la gravedad, también se podría definir como una óptima combinación entre la fuerza máxima y la velocidad, en la que se intenta vencer una resistencia no límite pero a una velocidad máxima.


     En las artes marciales y deportes de contacto, la velocidad es el atributo más importante para desarrollar la fuerza o potencia explosiva porque ésta depende en gran medida de la rapidez de contracción y relajación de los diferentes músculos implicados en el movimiento, y de la aceleración que alcance nuestro miembro. La eficacia de la explosividad reside en el "efec­to latigazo", es decir, en lanzar un objeto a gran velocidad hacia un objetivo, y en retirarlo bruscamente realizando el movimiento contrario o lo que es igual: la retroacción del mismo. De manera que el extremo de ese objeto flexible (punta de un látigo, peso atado a una cuerda, etc.) golpee el objetivo justo en el momento del tirón contrario, cuando se está retirando. En cierto modo, a la potencia de extensión se suma la potencia de contracción, fundiéndo­se ambas en un estallido de energía.
     Si aplicamos esto a nuestros brazos o piernas, el objeto impac­tante sería el puño o el pie, el cual sería lanzado a gran velo­cidad hacia el rival para, justo cuando va a alcanzarle (décimas de segun­dos antes, centímetros antes), iniciar el movimiento contrario, como para retirar el puño o pie, de manera que éste le impac­te como un lati­gazo. Para ello, es recomen­dable dejar la muñeca o el tobillo algo suel­tos o semi relajados, para acrecentar este efecto de látigo. Este tipo de impac­tos suele tener un sonido característico bien distinto a otros golpes, como una especie de chasquido explosivo que ha bautizado a estas técnicas.

     En el caso del tren superior, la responsabilidad del buen desarro­llo de un golpe explo­sivo recae principalmente en la cintura y el hombro, en el caso de puñe­tazos, y en la cadera y rodilla en el caso de patadas. Desde esos puntos se guía y controla el golpe, impri­miendo el movimiento nece­sario. El resto ya es cuestión del correcto juego de músculos en su coordi­nación: cuestión de contracción y relajación. Evidente­mente, a mayor rapidez de contracción, mayor velocidad del golpe y mayor explosivi­dad potencial. Es en esto donde radica el secreto de la explosividad...
 
     La explosividad no depende de un gran volumen muscu­lar; al contrario, aquellos artistas marcia­les de gran peso y muscu­latura suelen ser menos explosivos en sus acciones. Movi­lizar un mayor peso relativo (con relación a la estructura ósea y tendino­sa) siempre resulta más costoso, por lo que los movimientos se ralentizan. Un músculo grande tarda más en con­traerse que uno peque­ño, lo que afecta a la aceleración del movi­miento. Así que un artis­ta marcial pequeño o delgado siempre será potencialmente más explo­sivo en sus acciones que uno grande, grueso o corpulento. Por eso se suele comentar que la explosividad es la fuerza de los pequeños o de los "débiles", mientras que la potencia bruta es la fuerza de los grandes o "fuertes".

                                     EL ENTRENAMIENTO MUSCULAR 
     Esto no significa, evidentemente, que no haga falta entrenar los músculos para ser explosivo. La explosividad también tiene su entrenamiento, pero este difiere del que se realiza para ganar volumen muscular. No se requieren pesas ni aparatos, pues los ejer­cicios óptimos para desarrollar este atributo son los isométricos, es decir, aquellos en los que ejercitamos nuestros músculos presio­nando con intensidad un objeto inamovible, que no cede ante nuestra fuerza (por ejemplo, empujar una pared, "intentar doblar" una barra de hierro, presionar palma contra palma, etc.). Así se logra un tipo de musculatura muy definida sin aumen­tar casi su volumen. Y esta es la musculatura idónea para ser explo­sivos.
         Una vez que el organismo esté en óptimas condiciones para poder trabajar la explosividad, se podrá pasar al entrenamiento específico, ayudándonos con aparatos para desarrollar la explosividad. Para conseguirla se necesita perfeccionar los siguientes atributos: precisión, velocidad y elasticidad.

PRECISIÓN
     Una de las mayores dificultades que presenta el pelear con explosividad es la precisión, pues de ésta depende principalmente que los golpes explosivos hagan mucho daño o... no sirvan práctica­mente para nada. En este caso hablamos de la precisión en su dimen­sión de sentido de la distancia. Un golpe de potencia bruta no necesita ser milimétricamente preciso en cuanto a distancia, pues sigue una trayectoria amplia y el hecho de encontrar su objetivo un poco antes o un poco después no afecta demasiado a su eficacia.
     Pero un golpe explosivo debe alcanzar su objetivo con total preci­sión, pues unos centímetros de desajuste bastan para convertir­lo en un golpe bastante inútil. Si se queda un poco antes, se con­vierte en un bonito golpe al aire (que incluso puede conllevar micro lesiones si no lo controlamos bien); si se pasa por un poco, pierde toda su explosividad, quedándose normalmente en un golpe bastante flojo. Los golpes explosivos requieren pues una precisión y un sentido de la distancia casi quirúrgicos.  Quizás por esta dificul­tad de llevarlo a la práctica un gran colectivo marcial rehúye su entrenamiento y perfeccionamiento. Aparte, la poten­cia (hasta cierto punto) es fácil de controlar. Los golpes explosi­vos, no. O se golpea o no se golpea; pues no existe un término medio.
   


VELOCIDAD
     La velocidad y la precisión lo son todo para la explosivi­dad. Dentro de los diferentes tipos de velocidad hay que centrarse en trabajar solamente dos, que son la de ejecución y la inicial.

     Velocidad de realización o ejecución- Rapidez física de movimiento que se mide por el tiempo efectivo que pasa entre que el cerebro manda al cuerpo la orden de efectuar una técnica (ya sea ofensiva o defensiva) y que ésta es ejecutada totalmente. Por ejecución total se entiende acción y retroacción de la técnica (ataque y recogida del puño, pierna, etc.) Esta velocidad es la más importante de todas; su mejora requiere muchas repeticiones técnicas a diario. 
     Para adquirir este tipo de velocidad se ha de trabajar mucha sombra y sobre todo con el saco, muñequeras y tobilleras lastradas.  Para incrementar la velocidad de realización es necesario ejecutar la acción y retroacción como un sólo movimiento sin perder el equilibrio. La velocidad es producto de la aceleración y la potencia; cuando un miembro del cuerpo (puño o pierna) es proyectado con cierta velocidad y no impacta contra nada o es retenido de forma brusca, las articulaciones del mismo sufren.

     Velocidad inicial- Comienzo económico del movimiento desde la postura correcta o idónea para repeler el ataque del adversario o ejecutar la técnica de ataque. Digamos que la velocidad inicial es la cualidad de estar con la guardia y posición idóneas en el lugar adecuado para realizar la técnica requerida por la situación; al ser la posición de partida más adecuada para ejecutar la técnica seleccionada no habrá pérdida de tiempo en preliminares ni en correcciones, sino que la técnica será directa.

FLEXIBILIDAD
     Finalmente, el tercer atributo necesario para hacer nuestros golpes explosivos es la flexibilidad, especialmente importante en el caso de las patadas, pero también para los puñetazos. Basta recordar que para explicar la explosividad se suele recurrir al ejemplo del látigo, arma flexible por excelencia. En efecto, el terrible "efec­to latigazo" en el que se basa la explosividad es posible gracias a la capacidad de estirar y contraer bruscamente los músculos y tendones, cosa que sólo es posible si estos son bien elásti­cos.
     Suele relacionarse la explosividad con una serie muy limitada de golpes: de puño y de trayectoria circular; especialmente con el golpe de puño del revés. Aunque este tipo de técnicas son muy propicias para realizarse con explosividad, ésta se puede aplicar en realidad prácticamente a cualquier técni­ca, ya sea de puño o de pie, circular o directa.
     El efecto de un golpe explosivo también es diferente al de un golpe simplemente potente; este último suele basarse en una potencia de descarga y empuje, mientras que el primero supone un impacto penetrante. El efecto es similar al de una piedra cuando cae a la superficie de un lago: primero saltan unas pocas gotas justo donde penetra la piedra, pero después el impacto se expande en hondas concéntricas. Un golpe explosivo estalla dolorosamente en un punto concreto, y después el dolor se expande e irradia desde ese punto hacia todo el cuerpo.

     Resumiendo: La explosividad es pues un tipo de potencia muy interesante, y sin embargo poco desarrollada por la mayoría de los artistas marciales. La razón posiblemente se deba a que la potencia bruta es más fácil de entrenar y de aplicar en combate. Conseguir que los golpes sean explosivos exige una endiablada rapidez, una preci­sión quirúrgica, una técnica impecable y una excelente flexibi­lidad. Son muchos atributos a entrenar, pero el resultado, merece la pena, en el DVD que he realizado y de reciente aparición en el mercado, explico detalladamente cómo es la técnica y lo más importante como entrenarla. 

                         Por

                      Pedro Conde