domingo, 6 de agosto de 2023

JOSE RAMÓN HERREROS Y EL LEGADO DEL GRAN SENSEI YOSUKE YAMASHITA

 


 


Hay personas a las que respeto y admiro profundamente, personas que por sus acciones y sacrificios son dignos de elogio. Este es el caso de  José Ramón Herreros. Alumno del maestro  Yosuke Yamashita. Quien suscribe este artículo, también lo fue. Reconozco que el sensei fue el maestro que más me influyó y aprendí, a nivel de docencia. Me hizo sentir el kárate como ningún otro y eso que la lista ha sido extensa, sin embargo, al igual que otros alumnos, abandoné el dojo y seguí mi camino marcial. Este no fue el caso de José Ramón, desde que empezó a entrenar con él, fue su alumno fiel. Cuando por circunstancias inmobiliarias cerraron el Dojo del sensei Yamashita , él fue quien se encargó de buscar otro gimnasio donde siguiera dando clases, de llevarle al médico, de ayudarle en los “malos momentos”, inclusive, con grandes esfuerzos, montarle el Dojo Yosuke Yamashita para que dejara de dar clases en una franquicia de gimnasios… José Ramón no es una persona rica, pero no le importaba los sacrificios que tuviera que hacer por el bienestar del sensei. El día del funeral del maestro, aunque el intentaba estar en un segundo plano, toda la gente del mundillo marcial se dirigían a él.  En el réquiem tuve oportunidad de hablar y reencontrarme con muchos personajes de este arte y todos sin excepción, me hablaron de la dedicación y fidelidad de José  ¿Pero quién es José Ramón? Según lo relata él “Mi trayectoria a nivel marcial es parecida a la de muchos compañeros que llevan años entrenando artes marciales. He practicado Kenpo, Wushu, taekwondo, karate Shito Ryu. Hasta que encontré mi estilo o más bien, al maestro. En la actualidad soy 5 dan de Goyu Ryu y entrenador nacional. Simplemente me definiría como un alumno más del maestro.”



Son muchos los que son conscientes de cuál es su arte marcial, lo difícil es encontrar a ese  maestro que te guíe en él y le haga “crecer”. El caso de José Ramón Herreros no fue una excepción… “Sabía que el karate era mi camino pero no terminaba por encontrar al maestro, ni el estilo. Mi amigo Javier, compañero durante años en nuestra andadura marcial viajó a Okinawa y allí preguntó por algún maestro en España que entrenara el karate tradicional, es decir: Lo que ellos trabajaban en su Dojo y sin dudarlo le recomendaron en Okinawa a un maestro japonés (?), es decir: al maestro Yosuke Yamashita. Siguiendo sus recomendaciones fuimos a su Dojo.  Desde el primer momento hubo una química especial y una empatía difícil de describir. El maestro tenía un carácter especial, enseñaba a la antigua usanza de Japón, no eran las técnicas en si lo que le hacía diferente, sino la forma de enseñarlo, de trasmitirlo, sentía que aquello era el auténtico espíritu del karate, totalmente alejado de la competición y del deporte”.




En los tiempos actuales es difícil encontrar tanta dedicación hacia el maestro, esa entrega y gratitud a la persona que nos guía en el camino ¿Pero que significó el sensei para José Ramón Herreros? “Para mí ha sido una de las personas más importantes en mi vida. Ha sido mi maestro, mi mentor, mi guía marcial y a nivel personal: un segundo padre. Si querías discutir con el sensei lo hacía en 10 minutos, era un samurái del siglo XV viviendo en el XXI, se notaban sus genes samuráis, pero gracias a sus enseñanzas he “crecido” en todos los niveles e intento mantener vivo su legado y enseñanzas, entrenando y enseñando lo que aprendimos de él. En clase me limito a repetir lo mismas clases, sin cambios. Soy consciente que es imposible imitarlo, pero junto a un grupo de antiguos alumnos, intentamos trasmitir y entrenar su “karate” con la esperanza de alcanzar algún día su nivel, aunque eso será imposible; pero al menos, lo intentamos, para ello seguimos las directrices que nos marcó”




Cuando se habla de la diferencia del karate Goyu Ryu de Yamashita es inevitable preguntarse ¿Por qué es distinto? “Creo que las grandes diferencias entre las enseñanzas del maestro respeto a otros dojos era el énfasis que le ponía al trabajo de la respiración (tándem) y las pocas Katas que se practican en Goyu Ryu, decía que si para dominar un kata, se necesita toda una vida, para perfeccionar 80…. En la escuela tratamos de seguir la misma línea, trabajamos lo mismos katas una y otra vez en busca de la perfección. No se trata de conocer muchos katas, si no de trabajarlos correctamente y coordinarlos con la respiración. Los movimientos y el tándem deben ser solo uno. Todos los alumnos que conozco del sensei trabajamos esta misma línea pero cada uno le da un “toque” diferente o personal a sus enseñanzas. El centro incuestionablemente era él, actualmente no hay un líder o cabeza del estilo. También hay que tener en consideración que depende mucho de la época en la que se entrenó con él. El sensei como todo, fue evolucionando, no es lo mismo el karate que enseñaba en los 70 o 80 al  que se practicaba en los últimos años. Por ejemplo, en la última época trabajaba mucho el tándem, llego un día y dijo el kihon no sirve para nada, después de estar toda una vida entrenándolo. Se refería a que en una pelea o encuentro callejero, tal y como está la calle, no se podía uno preparar y ponerse en guardia, las técnicas tenían que ejecutarse desde el punto donde se estuviera. Trabajaba muy relajado y solo se concentraba en el última momento, trabajaba mucho hacía el Yu.”





En pleno siglo XXI hablar sobre el Ki o chi y su aplicación dentro de la práctica del karate puede resultar raro e incomprensible, máxime en una sociedad tan competitiva y materialista, donde todo se mide por los resultados que se obtienen en competición y los seguidores que se poseen en la red ¿Es posible su práctica y aplicación en karate, fuera de Japón? “Al margen de las clases del sensei, he ido a clases de Chi Kung. Todos hemos visto imágenes de personas haciendo proezas increíbles, Yo personalmente no me creo la mayoría de ellas,  pero lo que sí que sé es que cuando lo trabajo siento como un calor especial por todo el cuerpo, no sé si algún día llegare al nivel del sensei, desconozco que grado tenía en este aspecto, pero lo cierto es que a pesar de la edad y de las patologías que tenía, cuando entraba al tatami tenía un aura especial, eso que solo los grandes maestros poseen. No sé cómo explicarlo pero es algo que percibes.  



Llegados a este punto no es difícil plantearse: ¿tanto ha cambiado el karate como arte marcial?, ¿qué diferencia existe entre el karate tradicional y el deportivo? porque para cualquier neófito  en la práctica, sus técnicas son iguales para todos, ¿o no? “Recuerdo que el Sensei decía que el que fuera deporte olímpico era bueno de cara a la publicidad y promoción del karate, sin embargo estaba triste porque decía que se estaba perdiendo la esencia del mismo. Él trabajaba las técnicas buscando la eficacia en combate, todo aplicado  de cara a la defensa personal, no quería, ni enseñaba técnicas espectaculares, al margen de trabajar y poner mucho énfasis en la respiración (tándem), meditación, el trabajo de Ki, etc. El maestro decía que hay que saber diferenciar: a nivel de promoción y difusión es genial que el karate haya sido y pueda volver a ser olímpico. Pero tanto a nivel de katas como de kumite se le estaba dando un enfoque totalmente deportivo, donde solo prevalecen los éxitos en  competición. Para él existía otra faceta del karate, aquella que digamos no se ve, donde se trabaja hacia el interior, sin competir con nadie, solo contigo mismo. Ese es el combate más difícil ganar y es el karate que practicamos. Sé que en los tiempos que vivimos todo esto resulta incomprensible, pero es lo que hemos vivido y aprendido. Quizás todo ésto pueda resultar chocante, al maestro el dinero no le importaba, nunca le importó, ante todo y por encima de todo, estaba el estilo, lo demás, le era secundario, nunca persiguió la fama, ni el poder a nivel de organización u otros estamentos. A él solo le importaba perfeccionar su karate y enseñarlo en su Dojo. En clase de vez en cuando decía enfadado ¿Qué haces? porque alguien lo estaba haciendo mal o hacía otra cosa distinta al resto, le reñía y cuando alguien se encaraba con él, le decía: <<Si no interesa, de aquí a plaza Castilla hay muchos Dojos, por ironías del destino, hemos acabado en la Plaza Castilla. Hace tiempo dejamos el centro de Madrid”>>…”






El legendario dojo Yamashita ya no está en el centro de Madrid, se encuentra ubicado en el norte de la capital, sin embargo y a pesar de los cambios, su legado perdura.

                                              Texto: Pedro Conde.

              Fotos: Alejandro Gil de Val   (gildelvaldesign@gmail.com).   




















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